Los certificados de profesionalidad son una magnífica opción para aquellas personas que desean obtener una cualificación en alguno de los oficios del catálogo que les permita acceder a un puesto de trabajo más acorde con sus gustos, vocación o necesidades varias. Llevo ya un tiempo impartiendo el «IMPE0110 Masajes estéticos y técnicas sensoriales asociadas» y cada vez que empiezo uno, les pregunto qué les ha impulsado a elegir esta formación. Las respuestas son tan variadas que a veces me siguen asombrando. Desde lo que sería lógico como: «Vengo del sector y quiero formalizar mi titulación», o el más común «Siempre me ha llamado la atención y ahora que ha surgido esta oportunidad, creo que es mi momento», también hay respuestas como «No sé qué hacer con mi vida y este curso está cerca de mi casa» o «Me han diagnosticado depresión y trato de hacer lo que sea para no estar solo».
Si, el aula de un certificado de profesionalidad es a menudo un lugar donde no todo el mundo sabe exactamente a qué viene y lo va descubriendo según avanza el curso… y ahí está la magia. Hay gente que encuentra su vocación entre módulos y lo que empezó como un «me apunto por hacer algo» se convierte en «¿cómo no había pensado antes en dedicarme a esto?». Y creedme que quien encuentra su vocación en el aula se convierte en uno de los mejores alumnos y, en general, en un gran profesional más adelante.
Debo decir que es para mí un orgullo saber que un porcentaje muy elevado de mis alumnos encuentra trabajo tras finalizar las prácticas. Van ilusionados a sus primeras entrevistas y salen con la felicidad de quien ha conseguido un trabajo de algo que realmente le apasiona y siente que lo hace bien. Quien ha vivido eso sabe que no hay nada más satisfactorio que ese momento, ese que marca la diferencia, ese en el que te felicitan por tu buen hacer y tú te sientes PROFESIONAL, ese momento en que vuelves a casa agotado tras una dura jornada (sí, seguramente hay gente que no se lo va a creer pero, ser masajista es agotador) pero tienes una sonrisa de oreja a oreja pues amas tu trabajo y te sientes orgulloso.
Y ahí está, no solo es un momento significativo, sino también un símbolo de todo el esfuerzo y la dedicación que han puesto para llegar hasta aquí. Porque, como decía Séneca: «La suerte es donde confluyen la preparación con la oportunidad». Y cuando en tu vida adulta, a menudo con cargas familiares, hipoteca o un alquiler que no sabes si el año que viene será el mismo, te esfuerzas para terminar un curso con todas tus esperanzas puestas en él, cuando ese curso te lleva a obtener un trabajo en el que te sientes realizado y satisfecho, convirtiéndote en lo que quieres, ese viaje ha valido la pena. Es un recordatorio de que, a veces, las esperas valen la pena cuando se trata de alcanzar nuestros sueños.
